sábado, 26 de enero de 2008

La Historia de I y de O (Parte II)

I comenzó a hacer un postgrado en una universidad cercana al centro de trabajo de O, por supuesto que la razón de escoger ese lugar era para estar más cerca de ella. Muchas veces O salía de trabajar antes del horario de salida de I, pero antes de que I entrara a clases pasaba un buen rato con ella, charlando, haciendo planes. Algunos días, cuando lo permitían las clases, se marchaban juntos hacia la casa de O.

Una de las cosas que en un primer momento no le llamaron la atención a I, pero que sin embargo, conforme fue pasando el tiempo fue la causa de muchas peleas, era que O no quería que nadie, absolutamente nadie, supiera de su relación, amistosa en un inicio, cariñosa y romántica después, con él. La razón que siempre esgrimía, era que sus hijos eran amigos y que no verían con buenos ojos su relación. Además, I aún no se había separado ni mucho menos divorciado de su esposa, por lo que en público mantenían la discreción.

I un hombre casado, de casi 45 años, O una mujer divorciada, de casi 40 años, comenzaron una relación cariñosa, romántica, amorosa, muy estrecha. No se podría decir una relación formal, aunque la verdad es que I es romántico aunque no lo demuestra, O por su parte reservada en público, pero muy cariñosa en la intimidad.

Desde un primer momento, I se mostró atento con ella, muy pendiente de lo que ella requería, ya que su situación económica no le permitía contar con muchos recursos. I, aunque no ganaba una cantidad grande de dinero, se las ingeniaba para que no faltase en su casa y apoyar a O en una u otra cosa. Ella siempre estaba falta de dinero. El padre de sus hijos le pasaba una pensión que no cubría todas las necesidades. El stand era una ayuda, pero siempre faltaba el dinero.

Poco a poco, I fue introduciéndose en los problemas económicos de O, nunca descuidó las obligaciones de su casa, pero comenzó a utilizar el dinero que había ahorrado para terminar sus estudios de postgrado. Tuvo que dejarlos sin terminar y buscar un trabajo adicional con la finalidad de apoyar a O. Ella por su parte, estaba siempre pendiente de él, prácticamente lo único que faltaba en esa relación era llevar una vida común. Se veían desde temprano, él la acompañaba hasta el stand, luego del trabajo, la acompañaba nuevamente a su casa, todos los días de la semana, de lunes a sábado, dos o tres veces por semana tenían relaciones íntimas. Para el día domingo tenían un acuerdo, era el día dedicado a la familia, por ningún motivo se encontraban o se llamaban ese día.

Cada vez que podían verse en público, I trataba que alguien más se diera cuenta de esa relación. Aunque en su interior quisiera que ningún conocido los viera juntos por temor a su familia, él trataba que todos aquellos que pasaban a su lado se dieran cuenta que ellos tenían una relación. O no quería una relación que estuviera en boca de todos, “hay que ser discretos por nuestros hijos, no hay que exponerlos al escándalo”, repetía con frecuencia.

I conoció una vez, en el stand de O, a una de las hermanas de ella, muy amigable, franca, directa, pero le dijo desde el inicio, que no le gustaría que su hermana se enredara con un hombre casado, “si quieres tener algo con ella, por favor, divórciate”, le dijo. Esto hizo pensar a I, debería plantearse la separación para poder continuar con O.

Conversando con O sobre el tema, le propuso lo siguiente: “mis hijos están empezando a estudiar en la universidad, me separaré cuando ellos ya no me necesiten, es decir, al término de sus estudios”, ella aceptó y acordaron continuar juntos, dentro de unos cuatro años, o cinco a más tardar, I ya debería estar separado y formaría una relación con O, una relación formal, pública, que todos supieran que ellos se querían, que se amaban.


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